La malformación arteriovenosa (MAV) es una conexión anormal y directa entre arterias y venas que elude el lecho capilar, la cual suele ser asintomática hasta que provoca síntomas neurológicos o hemorragias. Para saber si usted tiene una malformación arteriovenosa, es fundamental realizar pruebas de imagen especializadas como la resonancia magnética (RM) o la angiografía cerebral, ya que los síntomas varían drásticamente según su ubicación en el cuerpo.
Los síntomas de la malformación arteriovenosa dependen de su localización. En el cerebro, una malformación arteriovenosa puede manifestarse mediante convulsiones, dolores de cabeza intensos, debilidad muscular, pérdida de coordinación o problemas de visión. En otras partes del cuerpo, puede presentarse como una masa pulsátil, dolor crónico o hinchazón. Es importante notar que muchas personas con malformación arteriovenosa permanecen asintomáticas durante años hasta que ocurre una complicación.
El diagnóstico clínico de la malformación arteriovenosa requiere tecnología de imagen avanzada. Los especialistas suelen emplear las siguientes herramientas para confirmar la presencia y extensión de la lesión:
La mayoría de los casos de malformación arteriovenosa se consideran esporádicos, es decir, ocurren de forma aleatoria sin un patrón hereditario claro. Sin embargo, existen síndromes genéticos raros, como el síndrome de Rendu-Osler-Weber, que pueden predisponer a los pacientes a desarrollar múltiples malformaciones vasculares.
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