¿Cuál es la historia de la Distrofia de Conos y Bastones?

¿Cuándo se descubrió la Distrofia de Conos y Bastones? ¿Cuál es la historia de su descubrimiento? ¿Fue casualidad o no?

La historia de la Distrofia de Conos y Bastones (DCB) se define por la evolución científica desde la identificación clínica de sus síntomas visuales progresivos hasta la actual capacidad de mapear sus complejas bases genéticas.



Históricamente, la Distrofia de Conos y Bastones fue descrita como una entidad clínica distinta debido a su patrón característico de pérdida de visión: a diferencia de la Retinitis Pigmentosa, donde los bastones fallan primero, en la DCB la degeneración comienza en los fotorreceptores de los conos, responsables de la visión central y del color. Los primeros registros clínicos datan de mediados del siglo XX, cuando los oftalmólogos comenzaron a diferenciar este grupo de distrofias retinianas mediante el uso de la electrorretinografía (ERG), una herramienta que permitió confirmar la disfunción primaria de los conos.



El avance en la comprensión genética


En las últimas décadas, la investigación ha avanzado significativamente, revelando que la Distrofia de Conos y Bastones es un grupo heterogéneo de trastornos hereditarios. Gracias a los avances en la secuenciación de nueva generación (NGS), hoy sabemos que más de 30 genes diferentes pueden estar implicados, incluyendo mutaciones en genes como ABCA4, CRX y GUCY2D. Esta heterogeneidad genética explica por qué la progresión de la Distrofia de Conos y Bastones varía tanto entre los miembros de nuestra comunidad en DiseaseMaps.org; mientras algunos pacientes experimentan una pérdida visual relativamente estable, otros enfrentan un deterioro más rápido que afecta su autonomía y calidad de vida.



Una perspectiva actual


Desde el punto de vista clínico, la historia de esta condición ha pasado de ser un diagnóstico de "observación" a uno de "intervención potencial". Aunque todavía no existe una cura definitiva, el entendimiento de la patofisiología de la Distrofia de Conos y Bastones ha permitido el inicio de ensayos clínicos pioneros en terapia génica y el uso de ayudas de baja visión que mejoran significativamente el día a día de quienes viven con esta enfermedad. Acompañar a nuestros pacientes en este viaje significa validar su experiencia, gestionar la incertidumbre y enfocarse en la rehabilitación visual adaptativa.



Descargo de responsabilidad: Esta información tiene fines educativos y no sustituye el consejo médico profesional, el diagnóstico o el tratamiento. Consulte siempre a un especialista en retina o a un genetista clínico para abordar sus necesidades de salud específicas.



References


Por Diseasemaps

Las distrofias de conos y bastones (CRDs) son distrofias hereditarias de la retina. Se incluyen en el grupo de la retinitis pigmentosa, y, de forma más general, en el de las retinopatías pigmentarias. Como tal, se caracterizan por la presencia de depósitos de pigmentos en la retina, visibles en la exploración del fundus, que se localizan predominantemente en la región de la mácula. A diferencia de las retinitis pigmentosas típicas (también conocidas como distrofias de bastón-cono, RCDs), que son el resultado de una pérdida primaria de función de los fotoreceptores de los bastones, seguida por una pérdida secundaria de la función de los fotorreceptores de los conos; las CRDs reflejan una secuencia de hechos totalmente opuesta, con una implicación primaria de los conos, o con una pérdida de función concomitante de conos y bastones. Esto explica la naturaleza de los síntomas de las CRDs, agudeza visual disminuida, defectos en la visión de los colores, fotoaversión y disminución de la sensibilidad en el centro del campo visual, seguido por una pérdida de la visión periférica y ceguera nocturna. Por tanto, el curso clínico de las CRDs suele ser más grave y rápido que el de las distrofias de bastón-cono. Provocan una ceguera legal más temprana (agudeza visual inferior a 20/200) e invalidez. En la etapa final, sin embargo, las CRDs no son diferentes de las RCDs. Las CRDs no suelen ser sindrómicas, aunque pueden formar parte de diversos síndromes, tales como el de Bardet-Bield y la ataxia cerebelar SCA7. Las CRDs tienen una prevalencia estimada de 1/40000. Las CRDs no sindrómicas son genéticamente heterogéneas, con 10 genes clonados y tres loci identificados. Sigue sin estar claro el porcentaje de pacientes para el que los genes clonados aportan una explicación. De todas maneras, entre los genes ya clonados se han identificado cuatro genes principales para las CRDs: ABCA4, que provoca la enfermedad de Stargardt, además del 30 a 60% de las CRDs autosómicas recesivas; CRX y GUCY2D, que son responsables de muchos casos de CRDs autosómicas dominantes; y RPGR, que provoca cerca de 2 tercios de las RPs ligadas al cromosoma X, además de un porcentaje no determinado de las CRDs ligadas al X. Por tanto, hay una gran heterogeneidad en los genes responsables y los mecanismos implicados en las CRDs. De todas maneras, es probable que haya otras mutaciones muy deletereas en genes, que de otra forma conducirían a RP o a distrofia macular, puedan provocar CRDs.

11/2/18 Por Mafe 3500

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