Sí, el ejercicio físico es una herramienta terapéutica fundamental en el manejo de la Disautonomía / POTS, siempre que se realice de manera adaptada, progresiva y bajo supervisión médica para evitar exacerbaciones de los síntomas.
Para quienes viven con Disautonomía / POTS, el mayor desafío es la intolerancia ortostática, por lo que el ejercicio tradicional de pie suele ser contraproducente al inicio. El protocolo de referencia, conocido como el "Protocolo de Levine", sugiere comenzar con ejercicios en posición supina (acostado) o sentada para minimizar el impacto de la gravedad sobre la frecuencia cardíaca. Actividades como el remo, la natación o el uso de una bicicleta reclinada (recumbent bike) permiten fortalecer el sistema cardiovascular sin disparar la taquicardia postural característica de la Disautonomía / POTS.
La clave es la consistencia sobre la intensidad. Se recomienda comenzar con sesiones cortas de 10 a 15 minutos, tres veces por semana, aumentando gradualmente la duración antes que la intensidad. Es imperativo escuchar al cuerpo; si el ejercicio provoca un "crash" o fatiga extrema, debe reducirse el volumen. El objetivo es mejorar el retorno venoso y aumentar el volumen plasmático, factores que suelen estar disminuidos en pacientes con Disautonomía / POTS.
Descargo de responsabilidad: Esta información tiene fines educativos y no sustituye el consejo médico profesional. Consulte siempre con su cardiólogo o especialista en disautonomía antes de iniciar cualquier programa de ejercicios, ya que cada caso de Disautonomía / POTS es único y requiere un plan personalizado.