Sí, la práctica regular de ejercicio físico es altamente recomendable para las personas con Síndrome de Meniere, ya que ayuda a mejorar el equilibrio, reducir el estrés y fomentar la compensación vestibular.
Como especialista, observo que el ejercicio no solo mantiene la salud cardiovascular, sino que es fundamental para que el cerebro aprenda a compensar las señales sensoriales alteradas propias del Síndrome de Meniere. La clave es la progresión y la seguridad. Se recomienda evitar actividades de alto impacto o aquellas que impliquen cambios bruscos de posición de la cabeza, como ciertos ejercicios de CrossFit o artes marciales, que podrían desencadenar episodios de vértigo.
La constancia es más importante que la intensidad. Se sugiere realizar actividad física de intensidad moderada entre 3 y 4 veces por semana, durante 30 a 45 minutos. Es vital escuchar al cuerpo: si siente mareo incipiente, fatiga extrema o un aumento en la sensación de plenitud ótica, debe detener la actividad inmediatamente. El Síndrome de Meniere es una condición fluctuante; por tanto, los días en que los síntomas sean más activos, es preferible optar por ejercicios de estiramiento suave o descanso activo. Mantenerse físicamente activo es una herramienta poderosa para mejorar la calidad de vida de quienes viven con Síndrome de Meniere.
Descargo de responsabilidad: Esta información es educativa y no sustituye el consejo médico profesional. Consulte siempre con su otorrino o especialista antes de iniciar una nueva rutina de ejercicio.