La práctica de ejercicio en pacientes con Malformación Arteriovenosa (MAV) debe ser evaluada de forma personalizada por un equipo multidisciplinar, ya que la intensidad y el tipo de actividad dependen críticamente de la localización de la Malformación Arteriovenosa y de su riesgo de hemorragia. En general, se desaconsejan las actividades que impliquen picos de presión arterial elevada o riesgo de traumatismo craneoencefálico, priorizando ejercicios aeróbicos de baja intensidad bajo supervisión médica.
La Malformación Arteriovenosa es una conexión anormal entre arterias y venas que carece de lecho capilar intermedio. Si la Malformación Arteriovenosa se encuentra en el sistema nervioso central, el aumento de la presión arterial durante ejercicios intensos o de fuerza (isométricos) podría aumentar el estrés hemodinámico sobre los vasos frágiles de la lesión. Por ello, la evaluación del riesgo de ruptura es el factor determinante antes de autorizar cualquier plan deportivo.
Para quienes conviven con una Malformación Arteriovenosa, el objetivo es evitar maniobras de Valsalva (aguantar la respiración mientras se hace fuerza). Se sugieren actividades que mantengan una frecuencia cardíaca estable:
Es fundamental mantener una intensidad moderada, donde la persona pueda mantener una conversación sin dificultad. Los pacientes de nuestra comunidad de DiseaseMaps.org, donde ya hay 200 personas con Malformación Arteriovenosa, reportan que el uso de pulsómetros ayuda a evitar sobreesfuerzos. Nunca debe realizarse ejercicio si se presentan cefaleas inusuales, cambios visuales o debilidad focal, síntomas que podrían indicar una inestabilidad de la Malformación Arteriovenosa.
Esta información tiene carácter educativo y no sustituye el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional.