La Enfermedad Degenerativa de Disco es un proceso crónico caracterizado por el desgaste físico de los discos intervertebrales, causado principalmente por el envejecimiento natural, la deshidratación del núcleo pulposo y microtraumatismos acumulados. Aunque no siempre presenta síntomas, esta afección altera la biomecánica de la columna, lo que puede provocar dolor persistente y limitación funcional en los pacientes.
La Enfermedad Degenerativa de Disco ocurre cuando los discos que actúan como amortiguadores entre las vértebras pierden su capacidad de absorber impactos. A medida que envejecemos, el contenido de agua en el núcleo pulposo disminuye, lo que reduce la altura del disco y aumenta la rigidez. Factores como la predisposición genética, el tabaquismo (que afecta la nutrición del disco) y las cargas físicas repetitivas aceleran este deterioro estructural.
La investigación actual sugiere que la herencia juega un papel crucial. Se estima que hasta el 70% de la variabilidad en la susceptibilidad a la Enfermedad Degenerativa de Disco puede estar ligada a factores genéticos que afectan la síntesis de colágeno y la composición de la matriz extracelular. Esto explica por qué algunas personas desarrollan síntomas severos a edades más tempranas que otras.
El progreso de la Enfermedad Degenerativa de Disco implica cambios específicos que afectan la integridad de la columna:
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