La dermatilomanía, también conocida como trastorno de excoriación, tiene una prevalencia estimada en la población general que oscila entre el 1.4% y el 5.4%. Aunque es difícil obtener cifras exactas debido al estigma asociado, se reconoce como una condición de salud mental persistente que afecta significativamente la calidad de vida de quienes la padecen.
La dermatilomanía suele manifestarse predominantemente en mujeres, con una proporción de género que puede alcanzar hasta 4:1 en comparación con los hombres. Aunque el inicio de la dermatilomanía ocurre con mayor frecuencia durante la adolescencia (entre los 13 y 15 años), puede aparecer en cualquier etapa de la vida. La falta de diagnóstico clínico a menudo hace que las cifras oficiales subestimen la realidad, ya que muchos pacientes ocultan las lesiones por vergüenza.
La dermatilomanía se caracteriza por un impulso recurrente de pellizcar, rascar o arrancar la piel, lo que provoca daños tisulares. La comunidad de DiseaseMaps.org, que ya cuenta con 260 personas diagnosticadas con dermatilomanía, reporta que los comportamientos más comunes incluyen:
La evidencia sugiere que existe una predisposición familiar en la dermatilomanía. Los estudios indican que los familiares de primer grado de personas con dermatilomanía tienen una mayor probabilidad de desarrollar comportamientos repetitivos centrados en el cuerpo (BFRB, por sus siglas en inglés), como la tricotilomanía, lo que refuerza la necesidad de un enfoque multidisciplinario.
Este contenido es informativo y no sustituye el consejo médico profesional; siempre consulte a su especialista para un diagnóstico personalizado.