La práctica de ejercicio físico es altamente recomendable para las personas con Síndrome de Devic (Trastorno del Espectro de Neuromielitis Óptica), siempre que se adapte estrictamente a las secuelas neurológicas individuales y se realice bajo supervisión médica para evitar el sobrecalentamiento corporal.
El Síndrome de Devic se caracteriza por episodios de inflamación en el nervio óptico y la médula espinal. Un factor crítico para nuestros pacientes es el fenómeno de Uhthoff, donde un aumento en la temperatura corporal —común durante el ejercicio intenso— puede exacerbar temporalmente los síntomas neurológicos. Por ello, la intensidad debe ser moderada, priorizando actividades que mantengan una temperatura corporal estable, como la natación en aguas templadas (no calientes) o el yoga suave.
Para quienes viven con Síndrome de Devic, el objetivo del ejercicio no es el rendimiento atlético, sino el mantenimiento de la movilidad, la mejora de la fatiga y la salud cardiovascular. Se sugiere:
El manejo del Síndrome de Devic requiere un equilibrio delicado. Si experimenta debilidad muscular, alteraciones en el equilibrio o problemas visuales, es fundamental trabajar junto a un fisioterapeuta especializado en enfermedades desmielinizantes. Escuchar a su cuerpo es la regla de oro: si siente una fatiga extrema o un aumento en sus síntomas habituales, debe detener la actividad inmediatamente. El ejercicio debe ser una herramienta para mejorar su calidad de vida y fortalecer su resiliencia física frente a los desafíos que presenta esta condición.
Descargo de responsabilidad: Esta información tiene fines educativos y no sustituye el consejo médico profesional. Consulte siempre con su neurólogo antes de iniciar cualquier programa de ejercicios, ya que las recomendaciones deben ajustarse específicamente a su historial clínico y nivel de discapacidad.