La actividad física es altamente recomendable para personas con displasia diastrófica, siempre que sea de bajo impacto y esté supervisada por especialistas. El ejercicio adaptado ayuda a mantener la movilidad articular y fortalecer la musculatura, factores críticos para compensar las complicaciones ortopédicas propias de la displasia diastrófica.
Para quienes viven con displasia diastrófica, el ejercicio no se trata de rendimiento atlético, sino de funcionalidad. La displasia diastrófica se caracteriza por una estatura baja desproporcionada y deformidades articulares progresivas; por ello, mantener los músculos fuertes ayuda a estabilizar las articulaciones, reduciendo el dolor crónico y retrasando la rigidez severa que suele acompañar a esta condición genética.
Debido a la fragilidad articular y la posible inestabilidad cervical asociada a la displasia diastrófica, se deben evitar deportes de contacto o impacto. Las actividades más seguras suelen ser aquellas que eliminan la carga gravitacional sobre las articulaciones:
La clave en la displasia diastrófica es la constancia sobre la intensidad. Se recomienda realizar sesiones de 20 a 30 minutos, de 3 a 4 veces por semana. La intensidad debe ser siempre moderada; el objetivo es evitar la fatiga muscular extrema, la cual puede empeorar el dolor articular característico de la displasia diastrófica. Escuchar al cuerpo es fundamental, ya que los límites de cada paciente varían según el grado de afectación esquelética.
Este contenido es informativo y no sustituye el consejo médico profesional; consulte siempre con su equipo clínico antes de realizar cambios en su rutina de actividad física.