El síndrome de Down se diagnostica principalmente mediante pruebas genéticas que identifican la presencia de una copia extra del cromosoma 21, ya sea a través de pruebas de cribado durante el embarazo o mediante pruebas diagnósticas definitivas como la amniocentesis. El diagnóstico clínico inicial suele realizarse al nacer mediante la observación de características físicas específicas, pero la confirmación definitiva siempre requiere un análisis cromosómico llamado cariotipo.
Durante el embarazo, el síndrome de Down puede detectarse mediante dos tipos de procedimientos: las pruebas de cribado (screening) y las pruebas diagnósticas. Las pruebas de cribado, como el cribado combinado del primer trimestre (ecografía de translucencia nucal y análisis de sangre) o el test de ADN fetal en sangre materna, evalúan la probabilidad de que el feto tenga la condición. Si estos resultados indican un riesgo elevado, se recomienda realizar una prueba diagnóstica definitiva, como la biopsia de vellosidades coriónicas o la amniocentesis, que analizan directamente el material genético fetal para confirmar el síndrome de Down con una precisión superior al 99%.
Cuando no se ha realizado un diagnóstico prenatal, los médicos suelen sospechar la presencia del síndrome de Down en el momento del parto basándose en una serie de rasgos físicos característicos. Sin embargo, la apariencia física no es suficiente para un diagnóstico médico formal. Para confirmar el síndrome de Down, el pediatra solicitará un estudio citogenético denominado cariotipo (o cariograma), el cual analiza las células de una muestra de sangre del bebé para observar la configuración cromosómica. Este examen permite identificar el tipo específico de síndrome de Down, que puede ser:
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Este contenido tiene fines informativos y no sustituye el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional; siempre consulte a un médico ante cualquier duda sobre su salud o la de sus familiares.