La actividad física es altamente recomendable para personas con Síndrome de Freeman-Sheldon, siempre que sea supervisada por un equipo multidisciplinario para proteger las articulaciones y evitar la fatiga muscular. El ejercicio adaptado ayuda a mejorar la movilidad, prevenir contracturas y fortalecer los músculos, siendo esencial personalizar la intensidad según las limitaciones articulares específicas de cada paciente.
El Síndrome de Freeman-Sheldon, conocido como una forma de artrogriposis distal, se caracteriza por contracturas articulares congénitas que afectan principalmente manos, pies y rostro. Debido a esto, los ejercicios deben centrarse en el rango de movimiento y el fortalecimiento de bajo impacto. Es fundamental evitar deportes de contacto o aquellos que impongan una carga excesiva en las articulaciones ya comprometidas por el Síndrome de Freeman-Sheldon.
La intensidad debe ser siempre moderada y ajustada a la tolerancia individual del paciente. En nuestra comunidad de DiseaseMaps, donde 32 personas con Síndrome de Freeman-Sheldon comparten sus vivencias, se observa que la constancia es más valiosa que la alta intensidad. Algunas recomendaciones incluyen:
Dado que el Síndrome de Freeman-Sheldon puede conllevar complicaciones respiratorias o escoliosis, es obligatorio realizar una evaluación cardiorrespiratoria antes de iniciar cualquier programa de ejercicio. Se debe vigilar cualquier signo de dolor articular persistente o fatiga extrema, ajustando la frecuencia a 2 o 3 sesiones por semana, según la recomendación de su fisioterapeuta.
Descargo de responsabilidad: Esta información tiene fines educativos y no sustituye el asesoramiento médico profesional; consulte siempre con su especialista antes de cambiar su rutina de actividad física.