La intolerancia a la fructosa no es una enfermedad contagiosa bajo ninguna circunstancia, ya que es un trastorno metabólico de origen genético o una afección digestiva funcional. No se transmite a través del contacto físico, ni por el aire, ni por compartir alimentos; es una condición que reside exclusivamente en la manera en que el cuerpo de una persona procesa este azúcar específico.
Existen dos formas principales de intolerancia a la fructosa con causas biológicas distintas. La intolerancia hereditaria a la fructosa es un trastorno genético autosómico recesivo causado por la deficiencia de la enzima aldolasa B, lo que impide metabolizar la fructosa. Por otro lado, la malabsorción de fructosa es una condición donde las células del intestino delgado no pueden absorber correctamente este azúcar. En nuestra comunidad de DiseaseMaps, 93 personas con intolerancia a la fructosa han compartido cómo estas diferencias afectan su calidad de vida diaria.
Es fundamental distinguir entre ambos tipos de intolerancia a la fructosa para un manejo clínico adecuado:
La forma más grave, conocida como intolerancia hereditaria a la fructosa, sí tiene un componente genético claro. Se transmite de padres a hijos a través de mutaciones en el gen ALDOB. Si ambos padres son portadores, existe un 25% de probabilidad en cada embarazo de que el niño herede la intolerancia a la fructosa. En cambio, la malabsorción de fructosa puede ser una condición adquirida o estar asociada a otras enfermedades gastrointestinales como el síndrome de intestino irritable.
Este contenido tiene fines informativos y no sustituye el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional.