Sí, realizar actividad física es generalmente recomendable para pacientes con glioma, ya que puede mejorar la calidad de vida, reducir la fatiga relacionada con el cáncer y fortalecer la salud mental. Sin embargo, debido a que el glioma afecta directamente al sistema nervioso central, es imprescindible consultar con su equipo de neurooncología antes de iniciar cualquier rutina para adaptar la intensidad a sus capacidades neurológicas y estado de tratamiento.
El ejercicio adaptado puede mitigar los efectos secundarios de los tratamientos del glioma, como la debilidad muscular o la fatiga crónica. La actividad física regular ayuda a mejorar la función cognitiva, la movilidad y el estado de ánimo en los pacientes que conviven con un glioma, proporcionando una sensación de control sobre su cuerpo durante procesos terapéuticos complejos.
La intensidad debe ser siempre moderada y personalizada. Es fundamental evitar actividades con alto riesgo de caídas o traumatismos craneoencefálicos, especialmente si el paciente presenta crisis epilépticas asociadas al glioma. Se recomiendan actividades de bajo impacto que favorezcan la resistencia y el equilibrio:
La seguridad es la prioridad absoluta para quienes viven con un glioma. Si experimenta mareos, cambios en la visión, debilidad súbita o convulsiones, debe detener el ejercicio inmediatamente. La frecuencia ideal suele comenzar con sesiones cortas de 15 a 20 minutos, 3 veces por semana, ajustando el esfuerzo según los días de tratamiento activo o recuperación.
En DiseaseMaps, actualmente contamos con 34 personas con glioma que comparten sus experiencias y consejos sobre cómo adaptar el estilo de vida a esta condición. Conectar con esta comunidad puede ofrecerle perspectivas valiosas sobre cómo otros han gestionado su nivel de actividad física durante el manejo del glioma.
Descargo de responsabilidad: Esta información tiene fines educativos y no sustituye el consejo médico profesional; consulte siempre con su equipo de salud antes de realizar cambios en su actividad física.