Short answer · Medically reviewed summary · Last updated: 2026-04-07
La nefropatía por IgA (también conocida como enfermedad de Berger) no es una enfermedad contagiosa, por lo que no puede transmitirse de persona a persona a través del contacto físico, fluidos corporales o el aire. Se trata de una enfermedad autoinmune crónica en la que el propio sistema inmunológico del paciente deposita anticuerpos IgA de forma anómala en los glomérulos del riñón, causando inflamación y daño renal interno. ¿Qué causa realmente la nefropatía por IgA? La nefropatía por IgA ocurre cuando moléculas de inmunoglobulina A (IgA), que normalmente ayudan a combatir infecciones, se vuelven defectuosas y se acumulan en los glomérulos —las unidades de filtrado de los riñones—.
La nefropatía por IgA (también conocida como enfermedad de Berger) no es una enfermedad contagiosa, por lo que no puede transmitirse de persona a persona a través del contacto físico, fluidos corporales o el aire. Se trata de una enfermedad autoinmune crónica en la que el propio sistema inmunológico del paciente deposita anticuerpos IgA de forma anómala en los glomérulos del riñón, causando inflamación y daño renal interno.
La nefropatía por IgA ocurre cuando moléculas de inmunoglobulina A (IgA), que normalmente ayudan a combatir infecciones, se vuelven defectuosas y se acumulan en los glomérulos —las unidades de filtrado de los riñones—. Esta acumulación provoca una respuesta inflamatoria que, con el tiempo, puede comprometer la capacidad del riñón para filtrar los desechos de la sangre. Aunque la causa exacta de esta respuesta inmunitaria sigue bajo estudio, se sabe que no es causada por virus, bacterias o factores externos que puedan infectar a otros. En nuestra comunidad de DiseaseMaps.org, 347 personas con nefropatía por IgA comparten sus experiencias, lo que ayuda a entender que, aunque el origen no es infeccioso, el impacto en la calidad de vida es significativo.
La nefropatía por IgA no se considera una enfermedad hereditaria clásica (como la fibrosis quística), pero existe una predisposición genética. Esto significa que, si bien no se transmite directamente de padres a hijos según un patrón mendeliano simple, puede haber una tendencia familiar a desarrollar la condición. Los investigadores han identificado ciertos marcadores genéticos que aumentan la susceptibilidad, pero la mayoría de los casos ocurren de forma esporádica.
Dado que la nefropatía por IgA es una enfermedad silenciosa en sus etapas iniciales, es fundamental reconocer los signos de alerta. Los síntomas no son síntomas de una infección contagiosa, sino manifestaciones del daño renal progresivo:
El diagnóstico de la nefropatía por IgA requiere pruebas específicas como el análisis de orina, análisis de sangre para medir la creatinina y, frecuentemente, una biopsia renal para confirmar la presencia de depósitos de IgA. Es importante destacar que, al no ser una enfermedad infecciosa, el tratamiento no incluye antibióticos ni antivirales. El manejo se centra en controlar la presión arterial (usando inhibidores de la ECA o ARA II), gestionar la inflamación y proteger la función renal a largo plazo mediante cambios en la dieta y, en casos necesarios, inmunosupresores.
Descargo de responsabilidad médica: Esta información tiene fines educativos y no sustituye el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional; consulte siempre a su nefrólogo para cualquier duda sobre su salud.