Como se sabe, el SLG no tiene cura. Todo tratamiento debe ir enfocado a disminuir la frecuencia e intensidad de las crisis pero, sin sacrificar la calidad de vida del niño o niña. Siendo lo segundo, prioridad. No creo que se pueda ser feliz con un padecimiento así, pero si es posible vivir con SLG. Es un aprendizaje constante que nos hace ser más humanos. Nos cambia y nos convierte en mejores personas. Nos hace conscientes de la realidad de la discapacidad y nos hace activistas, promotores y defensores de los derechos de nuestros niñ@s. Nos volvemos parte de una comunidad reducida, como una familia que comparte experiencias y recursos. Buscamos ayudar a otros en nuestra misma condición y eso, es invaluable.