El cáncer de hígado no es una enfermedad contagiosa y no puede transmitirse de persona a persona a través del contacto físico, fluidos o convivencia diaria. Aunque el cáncer de hígado puede estar asociado con virus que sí son transmisibles, como la hepatitis B o C, el tumor en sí mismo no se contagia.
La confusión surge porque ciertos factores de riesgo que predisponen al cáncer de hígado, específicamente las infecciones virales crónicas, sí pueden transmitirse. Por ejemplo, los virus de la hepatitis B y C se contagian a través del contacto con sangre o fluidos corporales infectados. Si una persona desarrolla una infección crónica por estos virus, el riesgo de desarrollar cáncer de hígado aumenta significativamente, pero la patología oncológica es una consecuencia biológica interna, no un agente infeccioso externo.
El cáncer de hígado, también conocido como carcinoma hepatocelular, se desarrolla generalmente sobre un hígado previamente dañado. Los mecanismos que dan lugar a esta neoplasia incluyen:
La mayoría de los casos de cáncer de hígado no son hereditarios en el sentido estricto. Sin embargo, existen condiciones genéticas subyacentes, como la hemocromatosis hereditaria o la deficiencia de alfa-1 antitripsina, que pueden predisponer a una persona a sufrir enfermedades hepáticas crónicas que, con el tiempo, derivan en cáncer de hígado.
Este contenido tiene fines informativos y no sustituye el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional.