El síndrome mielodisplásico (SMD) afecta principalmente a adultos mayores, con una incidencia estimada de 4 a 5 casos por cada 100,000 personas al año en la población general. Esta cifra aumenta drásticamente en personas mayores de 70 años, donde la incidencia puede superar los 30 a 50 casos por cada 100,000 habitantes, convirtiéndolo en un trastorno hematológico común en la tercera edad.
La prevalencia del síndrome mielodisplásico es difícil de calcular con precisión porque muchas formas leves pasan desapercibidas o no se diagnostican formalmente. Los registros de cáncer, como los de la red SEER en Estados Unidos, sugieren que la prevalencia real es mayor a la incidencia anual, ya que los pacientes pueden vivir con el síndrome mielodisplásico durante varios años. Actualmente, en nuestra plataforma DiseaseMaps, 36 personas con síndrome mielodisplásico comparten sus experiencias, lo que subraya la importancia de la colaboración comunitaria para entender mejor este trastorno.
Aunque el síndrome mielodisplásico es predominantemente una enfermedad de la edad avanzada, existen factores que influyen en quiénes lo desarrollan:
El diagnóstico del síndrome mielodisplásico requiere un análisis exhaustivo de la médula ósea. Los hematólogos evalúan la presencia de citopenias (niveles bajos de glóbulos rojos, blancos o plaquetas) y realizan un aspirado y biopsia de médula ósea para identificar displasia o cambios en los cromosomas (citogenética) que confirmen el diagnóstico.
Este contenido tiene fines informativos y no sustituye el consejo médico profesional, diagnóstico o tratamiento.