La atrofia hemifacial progresiva, también conocida como síndrome de Parry-Romberg, no es una enfermedad contagiosa ni infecciosa bajo ninguna circunstancia. Se trata de un trastorno poco frecuente de origen autoinmune o neurocutáneo que causa la degeneración progresiva de los tejidos blandos de un lado de la cara, por lo que no existe riesgo alguno de transmisión a otras personas.
Aunque la causa exacta de la atrofia hemifacial progresiva sigue siendo objeto de investigación científica, los expertos coinciden en que no es un proceso infeccioso provocado por virus, bacterias o hongos. La evidencia actual sugiere que el síndrome de Parry-Romberg podría estar relacionado con una disfunción del sistema nervioso simpático o con procesos autoinmunes donde el cuerpo ataca erróneamente sus propios tejidos conectivos. Es fundamental entender que el paciente no puede transmitir esta condición a familiares, amigos o contactos cercanos a través de fluidos, contacto físico o aire.
Actualmente, no se ha demostrado que la atrofia hemifacial progresiva sea una enfermedad hereditaria. La gran mayoría de los casos documentados de síndrome de Parry-Romberg ocurren de forma esporádica, lo que significa que no existe un historial familiar previo. Los estudios genéticos no han identificado un patrón de herencia mendeliano claro, lo que ayuda a descartar el miedo de los padres a transmitir esta condición a sus hijos o la preocupación de los pacientes por su descendencia.
El síndrome de Parry-Romberg se caracteriza por una pérdida lenta y progresiva de grasa, piel y, en ocasiones, estructuras óseas debajo de la dermis en un lado de la cara. Esta atrofia suele iniciarse en la primera o segunda década de vida. Los aspectos clínicos más comunes incluyen:
Recibir un diagnóstico de atrofia hemifacial progresiva puede ser un proceso desafiante debido a los cambios visibles en la apariencia física. Es vital recordar que, al no ser contagioso, el paciente no debe sufrir aislamiento social. En nuestra plataforma, 106 personas con atrofia hemifacial progresiva comparten sus vivencias, lo que demuestra que encontrar una comunidad de apoyo es esencial para el bienestar emocional. El acompañamiento psicológico ayuda a los pacientes a navegar la incertidumbre sobre la progresión de la enfermedad y a fortalecer su autoestima frente a los cambios estéticos.
Este contenido tiene fines informativos y no sustituye el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional; siempre busque la orientación de su médico ante cualquier duda sobre su salud.