El pectus excavatum se identifica principalmente por una depresión visible en la parte central del pecho, donde el esternón se hunde hacia la columna vertebral. El diagnóstico médico se confirma mediante un examen físico y pruebas de imagen, como radiografías o tomografías, para evaluar la severidad de la deformidad y su impacto en la función cardiopulmonar.
El pectus excavatum, a menudo llamado "pecho hundido", es la deformidad de la pared torácica más común, afectando aproximadamente a 1 de cada 300 a 1,000 nacimientos. La característica definitoria es un hundimiento cóncavo del esternón, que puede ser evidente desde el nacimiento o volverse mucho más pronunciado durante el "estirón" de la pubertad debido al crecimiento acelerado de los cartílagos costales. En nuestra comunidad de DiseaseMaps.org, 81 personas con pectus excavatum comparten cómo esta alteración anatómica impacta no solo su apariencia física, sino también su bienestar emocional.
Aunque muchas personas con pectus excavatum no presentan síntomas, el hundimiento severo puede comprimir órganos vitales. Es fundamental prestar atención a los siguientes signos clínicos que podrían indicar una afectación funcional:
Para determinar la gravedad del pectus excavatum, los especialistas utilizan el Índice de Haller, que se obtiene mediante una tomografía computarizada (TC). Este índice divide la distancia transversal interna del tórax por la distancia entre el esternón y la columna. Un índice de Haller mayor a 3.25 se considera generalmente como una indicación de pectus excavatum severo que podría requerir corrección quirúrgica (como la técnica de Nuss o la de Ravitch). Además, los médicos suelen solicitar un ecocardiograma y pruebas de función pulmonar para evaluar cuánto está limitando la deformidad el desempeño cardíaco y respiratorio.
Aunque la causa exacta del pectus excavatum no se comprende completamente, existe una clara predisposición genética. Aproximadamente el 35% de los pacientes tienen antecedentes familiares directos con la misma condición. Se ha observado una asociación frecuente con síndromes del tejido conectivo, como el síndrome de Marfan o el síndrome de Poland. Si usted nota esta característica en varios miembros de su familia, es recomendable consultar con un genetista clínico para descartar trastornos sistémicos subyacentes.
Descargo de responsabilidad: Esta información tiene fines educativos y no sustituye el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional; consulte siempre con su médico ante cualquier duda sobre su salud.