El raquitismo se diagnostica mediante una combinación de exámenes físicos, análisis de sangre para medir niveles de calcio, fósforo y fosfatasa alcalina, y estudios radiográficos que evalúan la mineralización ósea. La detección temprana del raquitismo es fundamental para prevenir deformidades esqueléticas permanentes, permitiendo identificar si la causa subyacente es una deficiencia nutricional o un trastorno genético metabólico.
El proceso diagnóstico comienza con la sospecha clínica ante síntomas como dolor óseo o arqueamiento de las piernas. Para confirmar el raquitismo, los médicos suelen solicitar un panel metabólico óseo. Los marcadores bioquímicos típicos incluyen niveles bajos de fosfato sérico, niveles variables de calcio y una elevación significativa de la fosfatasa alcalina, lo cual indica un recambio óseo anormal. Estas pruebas permiten diferenciar el raquitismo carencial del raquitismo hipofosfatémico ligado al cromosoma X.
Las imágenes radiográficas son esenciales para visualizar el impacto del raquitismo en el esqueleto en crecimiento. Los hallazgos característicos incluyen:
En casos donde el raquitismo no responde a la suplementación con vitamina D, es indispensable realizar pruebas genéticas. Esto ayuda a identificar variantes en genes como PHEX, FGF23 o VDR, que causan formas hereditarias de la enfermedad. En la comunidad de DiseaseMaps, donde contamos con 3 miembros que comparten sus experiencias, el diagnóstico genético ha sido un punto de inflexión para acceder a tratamientos especializados.
Aviso médico: Esta información tiene fines educativos y no sustituye el consejo médico profesional, el diagnóstico o el tratamiento; siempre busque la orientación de su médico ante cualquier duda sobre su salud.