El Síndrome de Sheehan es una condición rara cuya prevalencia exacta es difícil de determinar debido a su subdiagnóstico, aunque se estima que afecta a un número decreciente de mujeres en países desarrollados debido a las mejoras en la atención obstétrica. Históricamente, se consideraba una causa común de hipopituitarismo, pero hoy en día su incidencia es baja en regiones con acceso a atención médica de emergencia durante el parto.
La prevalencia del Síndrome de Sheehan está intrínsecamente ligada a la calidad de los cuidados obstétricos. Esta patología ocurre cuando una hemorragia posparto severa provoca una isquemia y necrosis de la glándula hipófisis. En la actualidad, gracias a la gestión activa del alumbramiento y el control de hemorragias, el Síndrome de Sheehan es mucho menos frecuente que hace unas décadas. Sin embargo, en países en vías de desarrollo, sigue siendo una causa significativa de morbilidad endocrina.
El Síndrome de Sheehan se manifiesta a través de una deficiencia hormonal hipofisaria, que puede aparecer semanas, meses o incluso años después del evento obstétrico. Los síntomas más frecuentes incluyen:
El diagnóstico del Síndrome de Sheehan requiere un alto índice de sospecha clínica, especialmente ante una paciente con antecedentes de hemorragia posparto. Se confirma mediante perfiles hormonales en sangre y resonancia magnética (RM) de la silla turca. El tratamiento del Síndrome de Sheehan consiste en una terapia de reemplazo hormonal de por vida para sustituir las hormonas que la glándula hipófisis ya no puede producir.
Es fundamental aclarar que el Síndrome de Sheehan no es una enfermedad genética ni hereditaria. Se trata de una lesión adquirida, producto de un evento agudo (shock hipovolémico) durante el parto, por lo que no existe riesgo de transmisión a la descendencia.
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