El síndrome de Sheehan no es una enfermedad hereditaria ni genética, por lo que no se transmite de padres a hijos. Esta condición ocurre específicamente como consecuencia de una pérdida masiva de sangre o presión arterial extremadamente baja durante o después del parto, lo que provoca una necrosis isquémica (muerte del tejido) en la glándula hipófisis.
El síndrome de Sheehan se origina por una hemorragia obstétrica severa. Durante el embarazo, la glándula hipófisis aumenta considerablemente de tamaño, volviéndose más vulnerable a la falta de riego sanguíneo. Si la paciente sufre un choque hipovolémico grave durante el alumbramiento, el flujo sanguíneo hacia la hipófisis se interrumpe, dañando permanentemente su capacidad para producir hormonas vitales. A diferencia de otros trastornos endocrinos, el síndrome de Sheehan es un evento adquirido y no está codificado en el ADN del paciente.
Aunque el síndrome de Sheehan no es hereditario, es fundamental que las mujeres que lo han padecido reciban un seguimiento endocrinológico estricto antes y durante cualquier embarazo futuro. El daño previo a la glándula hipófisis requiere que los niveles hormonales sean monitoreados cuidadosamente por especialistas para asegurar una gestación saludable y prevenir complicaciones relacionadas con la insuficiencia hipofisaria preexistente.
La falta de hormonas hipofisarias puede causar diversos síntomas que aparecen meses o incluso años después del evento obstétrico. Los signos más frecuentes incluyen:
En nuestra comunidad de DiseaseMaps.org, ya contamos con 21 personas que comparten sus vivencias con el síndrome de Sheehan. Aunque la prevalencia exacta es difícil de determinar debido al subdiagnóstico en países en desarrollo, el síndrome de Sheehan sigue siendo una causa importante de hipopituitarismo en mujeres que han tenido partos complicados.
Este contenido es informativo y no sustituye el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional.