En pacientes con Síndrome de Susac, el ejercicio físico es recomendable siempre que se adapte estrictamente al estado neurológico, auditivo y visual actual del paciente y cuente con la aprobación explícita de su equipo médico. Debido a la naturaleza autoinmune y microangiopática del Síndrome de Susac, la intensidad debe ser moderada y evitarse durante los periodos de brotes agudos o inestabilidad clínica para prevenir la fatiga extrema y el estrés sistémico.
El Síndrome de Susac afecta la tríada clásica de encefalopatía, oclusiones de las arterias retinianas y pérdida auditiva neurosensorial. El ejercicio físico, si es demasiado intenso, puede aumentar la presión arterial o inducir estados de inflamación sistémica que podrían interferir con la recuperación de los tejidos vasculares dañados. En nuestra comunidad de DiseaseMaps.org, donde 20 personas con Síndrome de Susac comparten sus experiencias, muchos reportan que la fatiga crónica es un síntoma persistente que debe ser gestionado con cautela antes de iniciar cualquier rutina deportiva.
El objetivo principal es mantener la movilidad y la salud cardiovascular sin comprometer el equilibrio o la estabilidad, áreas frecuentemente afectadas por el Síndrome de Susac. Se recomienda optar por actividades de bajo impacto que permitan un control total sobre el esfuerzo realizado:
La clave es la individualización. Un paciente en fase de remisión del Síndrome de Susac puede tolerar una frecuencia de 3 a 4 veces por semana, con sesiones cortas de 20 a 30 minutos. Sin embargo, durante las fases activas de la enfermedad, el reposo es fundamental. Es vital monitorizar la escala de esfuerzo percibido (RPE) y detenerse inmediatamente si aparecen síntomas como visión borrosa, acúfenos aumentados o confusión, signos que podrían sugerir una reactivación del Síndrome de Susac.
Dada la complejidad del Síndrome de Susac, no se recomienda iniciar un programa de ejercicios sin una evaluación previa por parte de un fisioterapeuta con experiencia en enfermedades autoinmunes o neurológicas. El especialista debe conocer los antecedentes de oclusiones retinianas y déficits auditivos para adaptar el entorno de entrenamiento, garantizando que el paciente se sienta seguro y apoyado emocionalmente, ya que la incertidumbre sobre la progresión de la enfermedad es un factor estresante común.
Este contenido es solo para fines informativos y no reemplaza el consejo médico profesional, el diagnóstico o el tratamiento; siempre busque la orientación de su médico ante cualquier duda sobre su condición de salud.