Sí, la práctica de ejercicio físico es altamente recomendable para las víctimas de la talidomida, siempre que esté adaptada a sus necesidades musculoesqueléticas específicas. El deporte ayuda a mejorar la movilidad, prevenir el sobreuso articular y fortalecer la musculatura compensatoria, lo cual es vital para quienes viven con las secuelas de la talidomida.
Las víctimas de la talidomida a menudo desarrollan síndromes de sobreuso debido a que utilizan sus extremidades de manera no convencional para realizar actividades diarias. El ejercicio supervisado ayuda a gestionar el dolor crónico y la fatiga, comunes en las víctimas de la talidomida, al mejorar la postura y la resistencia cardiovascular sin sobrecargar las articulaciones afectadas.
La selección de actividades debe ser personalizada según el grado de afectación (focomelia o dismelia). Se recomiendan actividades de bajo impacto que minimicen el estrés mecánico:
Para las víctimas de la talidomida, la consistencia es más importante que la intensidad. Se sugiere una frecuencia de 3 a 4 veces por semana, con sesiones de 30 a 45 minutos. La intensidad debe ser moderada, evitando siempre el dolor agudo. Es fundamental trabajar con un fisioterapeuta especializado que comprenda la biomecánica única de las víctimas de la talidomida para evitar lesiones por compensación.
Descargo de responsabilidad: Esta información tiene fines educativos y no sustituye el consejo médico profesional; consulte siempre con su equipo médico antes de iniciar cualquier programa de ejercicio.