La anencefalia es una malformación congénita grave del tubo neural que ocurre durante el desarrollo embrionario temprano, resultando en la ausencia de partes del cerebro y del cráneo. Dado que la anencefalia es incompatible con la vida extrauterina a largo plazo, no es una condición que un adulto pueda "tener" o desarrollar, sino un diagnóstico que se establece mediante ecografías prenatales durante el embarazo.
El diagnóstico de la anencefalia se realiza habitualmente entre las semanas 10 y 14 de gestación a través de una ecografía obstétrica de rutina. Los especialistas observan la falta de formación de la bóveda craneal y la exposición del tejido cerebral. Adicionalmente, niveles elevados de alfafetoproteína en el suero materno o en el líquido amniótico pueden alertar al médico sobre la presencia de un defecto del tubo neural como la anencefalia antes de que sea visible por imagen.
La anencefalia surge de una falla en el cierre del neuroporo anterior del tubo neural. Aunque su causa exacta es multifactorial, los factores de riesgo incluyen:
La anencefalia no sigue un patrón de herencia mendeliana simple. Aunque existe un riesgo de recurrencia ligeramente mayor (aproximadamente del 2% al 5%) en futuros embarazos tras haber tenido un bebé con anencefalia, se considera una condición multifactorial donde interactúan la genética y el entorno.
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