La anencefalia es una malformación congénita grave del tubo neural que ocurre cuando la parte superior de este no se cierra correctamente durante el desarrollo embrionario, resultando en la ausencia de una parte importante del cerebro y del cráneo. Lamentablemente, la anencefalia es una condición letal, ya que los bebés nacen con tejido cerebral expuesto y no son viables fuera del útero o fallecen poco después del nacimiento.
La anencefalia es una anomalía multifactorial, lo que significa que surge de una combinación de factores genéticos y ambientales. La causa principal es un fallo en el cierre del neuroporo craneal durante las primeras semanas de gestación (generalmente entre los días 23 y 26 después de la concepción). Factores como la deficiencia de ácido fólico en la madre, el uso de ciertos medicamentos antiepilépticos o la diabetes pregestacional mal controlada han sido identificados como factores de riesgo significativos que aumentan la probabilidad de que ocurra la anencefalia.
La detección de la anencefalia suele realizarse durante el embarazo mediante los siguientes métodos clínicos:
La anencefalia no sigue un patrón de herencia mendeliano simple. Aunque existe un riesgo ligeramente mayor de recurrencia en futuros embarazos (aproximadamente del 3% al 5% para parejas que ya han tenido un hijo afectado), la mayoría de los casos de anencefalia ocurren de forma esporádica en familias sin antecedentes previos.
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