La malformación arteriovenosa (MAV) es una conexión anormal y directa entre arterias y venas que elude el lecho capilar, cuyos síntomas dependen directamente de su ubicación en el cuerpo. Muchas personas con malformación arteriovenosa permanecen asintomáticas, mientras que otras experimentan cefaleas intensas, convulsiones o déficits neurológicos focales si la lesión se encuentra en el sistema nervioso central.
Los síntomas de la malformación arteriovenosa varían drásticamente según su localización. Si la malformación arteriovenosa se presenta en el cerebro, los pacientes pueden manifestar un fenómeno llamado "robo vascular", donde la sangre se desvía de áreas críticas del cerebro, causando debilidad, entumecimiento o problemas de visión. En otras partes del cuerpo, la malformación arteriovenosa puede manifestarse mediante hinchazón, dolor crónico, decoloración de la piel o la presencia de un soplo audible (ruido pulsátil) sobre la zona afectada.
La complicación más temida de la malformación arteriovenosa es la hemorragia, que ocurre cuando la presión en los vasos anormales provoca su ruptura. Otros riesgos incluyen:
El diagnóstico de la malformación arteriovenosa suele realizarse mediante técnicas de imagen avanzadas. La angiografía por sustracción digital sigue siendo el estándar de oro para visualizar el nido vascular. Otras pruebas incluyen la resonancia magnética (RM) y la tomografía computarizada (TC) con contraste, que permiten determinar el tamaño y la complejidad de la lesión.
Este contenido tiene fines informativos y no sustituye el consejo médico profesional, el diagnóstico o el tratamiento de un especialista.