El Síndrome de Asherman no es una enfermedad hereditaria ni genética, por lo que no se transmite de padres a hijos. Esta condición es adquirida y se desarrolla principalmente como consecuencia de cicatrices o adherencias intrauterinas tras intervenciones quirúrgicas o traumatismos en el endometrio.
El Síndrome de Asherman se produce cuando el revestimiento interno del útero (endometrio) sufre un daño mecánico. A diferencia de las enfermedades hereditarias, el origen del Síndrome de Asherman es casi siempre iatrogénico. La causa más frecuente es el legrado uterino (dilatación y curetaje), especialmente si se realiza después de un aborto espontáneo o un parto, donde el tejido inflamado es más susceptible a formar adherencias cicatriciales.
Aunque no existe una predisposición genética, ciertos procedimientos médicos aumentan la probabilidad de desarrollar Síndrome de Asherman. Los factores de riesgo incluyen:
Dado que el Síndrome de Asherman no tiene un componente hereditario, el diagnóstico se basa exclusivamente en la evaluación física y de imagen. El método estándar de oro para confirmar el Síndrome de Asherman es la histeroscopia, que permite visualizar directamente las adherencias dentro de la cavidad uterina. También se puede utilizar la histerosalpingografía para observar la forma de la cavidad mediante contraste.
En DiseaseMaps.org, 39 personas con Síndrome de Asherman han compartido sus experiencias, destacando que, aunque no es una enfermedad hereditaria, el impacto emocional por la infertilidad o las alteraciones menstruales asociadas al Síndrome de Asherman requiere un acompañamiento psicológico especializado.
Este contenido tiene fines informativos y no sustituye el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional.