El tratamiento principal para el Síndrome de Asherman es la histeroscopia quirúrgica (lisis de adherencias) para eliminar las cicatrices intrauterinas y restaurar la cavidad uterina. Este procedimiento suele combinarse con terapia hormonal posquirúrgica y, en ocasiones, con dispositivos de barrera para prevenir la recurrencia de las adherencias y favorecer la regeneración del endometrio.
La técnica de elección es la histeroscopia operativa, realizada por un ginecólogo con experiencia en cirugía reproductiva. El objetivo del Síndrome de Asherman es separar las adherencias fibrosas bajo visión directa. En casos severos, se pueden utilizar técnicas guiadas por ultrasonido o laparoscopia simultánea para evitar perforaciones uterinas. Tras la cirugía, el éxito del tratamiento del Síndrome de Asherman depende de la capacidad del endometrio para regenerarse y de la prevención de nuevas cicatrices.
Tras la intervención, es común prescribir un régimen de estrógenos de alta dosis durante varias semanas para estimular el crecimiento del revestimiento endometrial. A menudo, se añade progesterona al final del ciclo para inducir la descamación y prevenir la formación de nuevas adherencias. En nuestra comunidad de DiseaseMaps.org, donde 39 personas comparten sus experiencias, muchos pacientes reportan que este protocolo es fundamental para la recuperación funcional.
Para mejorar el pronóstico del Síndrome de Asherman, los especialistas pueden emplear diversas estrategias postoperatorias:
Este contenido tiene fines informativos y no sustituye el consejo médico profesional; consulte siempre a su ginecólogo para decisiones sobre su tratamiento.