El Síndrome de Asherman es una afección ginecológica caracterizada por la formación de adherencias o tejido cicatricial (sinequias) dentro de la cavidad uterina, generalmente como resultado de un trauma quirúrgico previo, como legrados uterinos. Esta condición puede provocar alteraciones en el ciclo menstrual, infertilidad y complicaciones obstétricas recurrentes al reducir el espacio funcional del útero.
El Síndrome de Asherman se origina casi exclusivamente tras una lesión en el endometrio basal. La causa más frecuente (en más del 90% de los casos) es el legrado uterino, especialmente si se realiza después de un aborto espontáneo, un parto retenido o una hemorragia posparto. Otras causas incluyen cirugías uterinas como miomectomías, cesáreas complicadas o infecciones endometriales graves que dañan las capas profundas del útero.
La manifestación clínica varía según la severidad de las adherencias. Los síntomas principales que experimentan las personas con Síndrome de Asherman incluyen:
El estándar de oro para diagnosticar el Síndrome de Asherman es la histeroscopia, que permite al especialista visualizar directamente las bandas fibrosas dentro del útero. También se utiliza la histerosalpingografía, una radiografía con contraste, para identificar irregularidades en la cavidad uterina. Actualmente, 39 personas en la comunidad de DiseaseMaps.org comparten sus experiencias viviendo con el Síndrome de Asherman, lo cual es vital para comprender el impacto emocional de este diagnóstico.
El tratamiento principal es la lisis histeroscópica de adherencias, donde se cortan cuidadosamente las cicatrices. Tras la cirugía, es común el uso de terapias hormonales (estrógenos) para promover la regeneración del endometrio y la colocación temporal de un dispositivo intrauterino (DIU) o balón para evitar que las paredes del útero se vuelvan a pegar durante la cicatrización.
Este contenido tiene fines informativos y no sustituye el consejo médico profesional; siempre consulte con su ginecólogo ante cualquier síntoma.