Sí, la práctica regular de ejercicio físico es altamente recomendable y beneficiosa para las personas con enfermedad celíaca, siempre que se adapte a la sintomatología digestiva y al estado nutricional individual.
Como especialista en gastroenterología, he observado que el ejercicio contribuye significativamente a mejorar la calidad de vida de quienes viven con enfermedad celíaca. La actividad física ayuda a reducir el estrés oxidativo y puede mejorar la motilidad intestinal, siempre y cuando la enfermedad celíaca esté bien controlada mediante una dieta estricta sin gluten. Es fundamental recordar que, si el paciente presenta una malabsorción activa o una anemia ferropénica no tratada, la intensidad debe ser moderada para evitar una fatiga extrema o lesiones óseas, dado que el sistema óseo puede verse comprometido por la deficiencia de calcio y vitamina D asociada a la condición.
La actividad física también juega un papel crucial en la salud mental de los pacientes con enfermedad celíaca, ayudando a combatir la irritabilidad y la depresión que a menudo acompañan al diagnóstico. Mantener un cuerpo activo fortalece la resiliencia necesaria para gestionar una dieta de por vida, transformando la percepción de la enfermedad de una limitación a un estilo de vida consciente.
Descargo de responsabilidad: Esta información tiene fines educativos y no sustituye el consejo médico profesional. Consulte siempre con su gastroenterólogo antes de iniciar un nuevo régimen de ejercicio para evaluar su densidad ósea y niveles nutricionales actuales.