El tratamiento principal para el cordoma es la resección quirúrgica radical con márgenes negativos, idealmente seguida de radioterapia de alta precisión, como la terapia de protones. Debido a que el cordoma es un tumor óseo de crecimiento lento y localmente agresivo, el enfoque debe ser multidisciplinario, involucrando a neurocirujanos, oncólogos radioterápicos y especialistas en oncología médica.
El cordoma surge de los remanentes de la notocorda a lo largo del esqueleto axial, siendo el sacro y la base del cráneo las ubicaciones más frecuentes. La cirugía es fundamental porque estos tumores son intrínsecamente resistentes a la quimioterapia convencional. El objetivo es la escisión en bloque (extirpación completa en una sola pieza) para minimizar el riesgo de recurrencia local, que es el mayor desafío en el manejo clínico del cordoma.
Dado que la resección completa a menudo es difícil debido a la proximidad del cordoma a estructuras críticas como el tronco encefálico o nervios espinales, la radioterapia adyuvante es esencial. Las técnicas más efectivas incluyen:
Actualmente, no existe un fármaco quimioterapéutico estándar altamente eficaz para el cordoma. Sin embargo, en casos de enfermedad metastásica o recurrente, se exploran terapias dirigidas que inhiben vías de señalización específicas como el receptor del factor de crecimiento derivado de plaquetas (PDGFR) o el inhibidor de EGFR (como afatinib o imatinib), aunque su uso sigue siendo objeto de investigación clínica constante.
Aviso médico: Esta información es educativa y no sustituye el consejo médico profesional; consulte siempre con su equipo de especialistas para decisiones sobre su tratamiento.