El tratamiento de la Enfermedad Granulomatosa Crónica (EGC) se basa principalmente en la profilaxis antibiótica y antifúngica continua para prevenir infecciones graves, junto con el manejo especializado de las complicaciones inflamatorias. Aunque el trasplante de células madre hematopoyéticas es actualmente la única opción curativa disponible, la gestión proactiva permite a los pacientes llevar una vida más estable y controlada.
El pilar fundamental para los pacientes con Enfermedad Granulomatosa Crónica es la terapia profiláctica. Debido a que los fagocitos no pueden producir superóxido para destruir ciertos patógenos, los médicos suelen prescribir regímenes diarios de antibióticos (como el trimetoprima-sulfametoxazol) y antifúngicos (como el itraconazol). Esta estrategia es vital para reducir drásticamente la incidencia de infecciones bacterianas y fúngicas potencialmente mortales características de la Enfermedad Granulomatosa Crónica.
Para aquellos pacientes que cumplen los criterios clínicos, el trasplante de células madre hematopoyéticas (TCMH) ofrece una cura definitiva para la Enfermedad Granulomatosa Crónica. Además, la terapia con interferón-gamma se ha utilizado en algunos casos para ayudar a mejorar la función de los neutrófilos. Los tratamientos más comunes incluyen:
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