La leucemia linfática crónica (LLC) es un cáncer de la sangre y la médula ósea de progresión lenta que se caracteriza por la acumulación de linfocitos B maduros pero disfuncionales en la sangre, los ganglios linfáticos y el bazo. A diferencia de otras leucemias agudas, la leucemia linfática crónica suele diagnosticarse en adultos mayores y, en muchos casos, puede manejarse como una enfermedad crónica durante años antes de requerir tratamiento activo.
La leucemia linfática crónica se origina por mutaciones genéticas adquiridas en las células madre hematopoyéticas, lo que provoca que los linfocitos B no mueran cuando deberían. Aunque no se conocen causas ambientales directas, sabemos que factores genéticos y la exposición a ciertos agentes pueden influir en el riesgo. Es importante destacar que la leucemia linfática crónica no es una enfermedad hereditaria en el sentido clásico, aunque existe una ligera predisposición familiar en algunos casos.
Muchos pacientes con leucemia linfática crónica son asintomáticos al momento del diagnóstico y la enfermedad se descubre durante análisis de sangre rutinarios. Cuando aparecen síntomas, estos suelen incluir:
El diagnóstico de la leucemia linfática crónica se realiza principalmente mediante una prueba llamada citometría de flujo, que permite identificar la presencia de marcadores específicos en la superficie de los linfocitos (como CD5, CD19 y CD23). Además, los especialistas analizan el hemograma completo para observar la linfocitosis persistente.
Este contenido tiene fines informativos y no sustituye el consejo médico profesional; consulte siempre con su equipo de salud antes de tomar decisiones sobre su tratamiento.