El Trastorno por estrés postraumático (TEPT) se desarrolla tras la exposición a un evento traumático que amenaza la integridad física o psicológica propia o ajena. No existe una causa única, sino una compleja interacción entre la naturaleza del trauma, la vulnerabilidad biológica individual y los factores de resiliencia del entorno del paciente.
La susceptibilidad al Trastorno por estrés postraumático está ligada a cómo el cerebro procesa el miedo. Estudios sugieren que una amígdala hiperactiva y una corteza prefrontal con menor capacidad de regulación emocional pueden predisponer a las personas a desarrollar el Trastorno por estrés postraumático. Además, alteraciones en el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HPA) afectan la respuesta al estrés crónico, dificultando la recuperación tras el suceso.
El Trastorno por estrés postraumático requiere la exposición a un factor estresante extremo. Según la literatura clínica, los desencadenantes más frecuentes incluyen:
Aunque no existe un gen único, la investigación indica que la heredabilidad explica aproximadamente el 30% al 40% de la varianza en el desarrollo del Trastorno por estrés postraumático. La epigenética también juega un rol clave: el trauma puede generar cambios químicos en la expresión de genes relacionados con la respuesta al estrés, los cuales pueden persistir y afectar la salud mental a largo plazo.
Este contenido tiene fines informativos y no sustituye el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional.