La Parálisis de Erb-Duchenne no es una enfermedad hereditaria, ya que no se transmite a través de los genes de padres a hijos. Se trata de una lesión mecánica del plexo braquial que ocurre generalmente durante el parto debido a una distocia de hombros, por lo que su origen es puramente traumático y no genético.
La Parálisis de Erb-Duchenne se produce por un estiramiento excesivo o una ruptura de las raíces nerviosas (C5 y C6) del plexo braquial. Aunque existen factores de riesgo durante el alumbramiento, como un peso elevado del recién nacido (macrosomía) o un parto prolongado, la Parálisis de Erb-Duchenne es un evento accidental y no una condición congénita heredada. No existe riesgo de recurrencia genética en futuros embarazos.
La afectación neurológica se manifiesta de forma inmediata tras el nacimiento. Los signos clínicos más frecuentes de la Parálisis de Erb-Duchenne incluyen:
El manejo de la Parálisis de Erb-Duchenne se centra en la recuperación funcional mediante fisioterapia intensiva y, en casos seleccionados donde no hay mejoría espontánea tras 3 a 6 meses, intervenciones quirúrgicas de microcirugía nerviosa. La mayoría de los niños con Parálisis de Erb-Duchenne logran una recuperación significativa si se sigue un protocolo de rehabilitación precoz y constante.
Este contenido es informativo y no sustituye el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional.