El síndrome epiléptico por infección febril (conocido frecuentemente como FIRES, por sus siglas en inglés) se diagnostica principalmente mediante la evaluación clínica de un estado epiléptico refractario que ocurre tras una enfermedad febril aguda en un niño o adulto previamente sano. Dado que no existe un biomarcador único, el diagnóstico es un proceso de exclusión que requiere una monitorización neurológica intensiva y pruebas exhaustivas para descartar otras causas infecciosas o genéticas.
El síndrome epiléptico por infección febril se identifica cuando un paciente, sin antecedentes de crisis epilépticas, desarrolla una encefalopatía epiléptica aguda entre 24 horas y dos semanas después de un episodio febril leve. La característica definitoria es la rápida progresión hacia un estado epiléptico refractario o super-refractario, donde las crisis no responden a los medicamentos anticonvulsivos convencionales.
El proceso diagnóstico del síndrome epiléptico por infección febril es complejo y multidisciplinario. Los especialistas suelen realizar las siguientes pruebas para confirmar el diagnóstico:
La dificultad radica en que el síndrome epiléptico por infección febril es un diagnóstico de exclusión. Los médicos deben ser extremadamente cuidadosos al descartar otras encefalitis virales o bacterianas, ya que el tratamiento varía drásticamente. En nuestra comunidad de DiseaseMaps.org, 65 personas que viven con el síndrome epiléptico por infección febril han compartido que el tiempo hasta obtener un diagnóstico preciso es a menudo el desafío más estresante para las familias.
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