El Síndrome epiléptico por infección febril (FIRES, por sus siglas en inglés) no es una enfermedad contagiosa; es una condición epiléptica grave de origen autoinmune o inflamatorio que se desencadena tras una infección febril, pero no se transmite de persona a persona. Aunque el cuadro clínico comienza con un evento infeccioso, la respuesta epiléptica posterior es una reacción individual y no un proceso infeccioso transmisible.
El Síndrome epiléptico por infección febril es una encefalopatía epiléptica rara que afecta a niños y adultos jóvenes previamente sanos. Se caracteriza por la aparición repentina de crisis convulsivas refractarias al tratamiento, que comienzan entre 24 horas y dos semanas después de un cuadro febril leve. Es importante destacar que, al no ser contagioso, no existe riesgo de propagación a familiares ni cuidadores en el entorno cercano.
Aunque la causa exacta sigue bajo investigación, el Síndrome epiléptico por infección febril se considera una respuesta inflamatoria desproporcionada del sistema nervioso central. Los expertos sugieren que, en personas genéticamente predispuestas, la infección inicial actúa como un "gatillo" que provoca una tormenta de citoquinas en el cerebro, resultando en:
Hasta la fecha, no existe evidencia concluyente de que el Síndrome epiléptico por infección febril sea una condición hereditaria directa. La mayoría de los casos reportados son esporádicos, lo que significa que ocurren de manera aislada sin antecedentes familiares previos. En la comunidad de DiseaseMaps.org, más de 65 personas comparten sus experiencias, lo que ayuda a los investigadores a estudiar la diversidad de los casos y a descartar patrones de herencia mendeliana típicos.
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