El síndrome epiléptico por infección febril (FIRES, por sus siglas en inglés) es una encefalopatía epiléptica catastrófica de inicio agudo para la cual no existe un tratamiento curativo único, por lo que el manejo se centra en una combinación de fármacos anticonvulsivos agresivos, anestésicos en infusión continua y terapias inmunomoduladoras. Debido a la naturaleza refractaria de las crisis en el síndrome epiléptico por infección febril, el control terapéutico suele requerir una estancia prolongada en unidades de cuidados intensivos pediátricos.
En la etapa inicial del síndrome epiléptico por infección febril, el objetivo principal es detener el estado epiléptico refractario. Dado que los anticonvulsivos convencionales suelen fallar, se utilizan protocolos que incluyen el coma inducido con fármacos como pentobarbital o midazolam. Muchos especialistas incorporan terapias inmunológicas tempranas, como metilprednisolona en dosis altas, inmunoglobulina intravenosa o plasmaféresis, bajo la hipótesis de que una respuesta inflamatoria desregulada impulsa el síndrome epiléptico por infección febril.
Cuando el estado epiléptico cede, el manejo del síndrome epiléptico por infección febril se desplaza hacia la dieta cetogénica, la cual ha demostrado ser una de las intervenciones más eficaces en pacientes pediátricos. Otras estrategias incluyen:
Vivir con el síndrome epiléptico por infección febril es un desafío inmenso para las familias. En DiseaseMaps.org, 65 personas que conviven con esta condición comparten sus experiencias, lo cual es vital para el apoyo emocional. La incertidumbre sobre la recuperación cognitiva y el control de crisis requiere un acompañamiento psicológico continuo para los cuidadores.
Este contenido es informativo y no sustituye el consejo médico profesional; consulte siempre a su especialista antes de modificar cualquier tratamiento.