Sí, la práctica de ejercicio físico es altamente recomendable para pacientes con fibromialgia, siempre que se realice de forma gradual, controlada y adaptada a la capacidad funcional de cada individuo.
Como especialista con años de experiencia clínica, he observado que el sedentarismo suele agravar la rigidez muscular y la percepción del dolor en la fibromialgia. El objetivo no es el alto rendimiento, sino mejorar la tolerancia al esfuerzo y reducir el cansancio crónico que caracteriza a esta afección. La clave reside en la "dosificación" del movimiento para evitar los brotes de dolor post-esfuerzo.
Para quienes viven con fibromialgia, los ejercicios de bajo impacto son los más recomendados para proteger las articulaciones y los tejidos blandos:
La regla de oro para la fibromialgia es "empezar bajo y avanzar lento" (start low, go slow). Se recomienda comenzar con sesiones de 10 a 15 minutos, dos o tres veces por semana, incrementando la duración solo cuando el cuerpo lo permita sin desencadenar un aumento significativo del dolor generalizado. Es fundamental evitar el ejercicio intenso durante los brotes agudos, donde el descanso es prioritario.
Recuerde que el ejercicio no sustituye otros tratamientos, como el uso de antidepresivos o terapias de manejo del dolor, sino que actúa como un complemento esencial para recuperar la funcionalidad perdida debido a la fibromialgia.
Descargo de responsabilidad: Esta información tiene fines educativos y no sustituye el consejo médico profesional. Antes de iniciar cualquier programa de ejercicios, consulte con su reumatólogo o médico de cabecera para ajustar el plan a sus necesidades específicas.