La gastrosquisis no es una enfermedad contagiosa, infecciosa ni transmisible de ninguna manera. Se trata de un defecto de nacimiento congénito de la pared abdominal, por lo cual es imposible que un niño o adulto pueda contraer gastrosquisis a través del contacto con otras personas.
La gastrosquisis ocurre cuando los músculos de la pared abdominal del feto no se forman correctamente durante el embarazo, permitiendo que los intestinos y, en ocasiones, otros órganos salgan a través de una abertura cerca del ombligo. Aunque la causa exacta es desconocida, los investigadores sugieren que es un proceso multifactorial. Se ha observado una mayor incidencia en madres jóvenes (menores de 20 años) y en casos donde existe exposición a ciertos factores ambientales o vasculares durante el desarrollo temprano del feto.
La mayoría de los casos de gastrosquisis son esporádicos, lo que significa que ocurren de forma aislada en familias sin antecedentes previos. No existe un patrón de herencia mendeliano claro, y el riesgo de que los padres tengan un segundo hijo con gastrosquisis es generalmente bajo, aunque se recomienda asesoramiento genético para evaluar cada caso particular.
El tratamiento de la gastrosquisis requiere intervención quirúrgica poco después del nacimiento para reintroducir los órganos en la cavidad abdominal y cerrar el defecto. El pronóstico suele ser muy positivo con atención especializada:
Este contenido es informativo y no sustituye el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional; siempre busque la opinión de su médico ante cualquier duda sobre su salud o la de su hijo.