La práctica de actividad física en personas con Síndrome de Hurler (MPS I) es altamente recomendable, siempre bajo estricta supervisión médica y adaptada a las capacidades funcionales de cada paciente. El ejercicio debe enfocarse en mejorar la movilidad articular y la resistencia cardiovascular, evitando actividades de alto impacto que comprometan la estabilidad cervical o la integridad ósea.
El Síndrome de Hurler es la forma más grave de la mucopolisacaridosis tipo I, caracterizada por la acumulación de glucosaminoglicanos. El ejercicio adaptado ayuda a combatir la rigidez articular, mejora la fuerza muscular necesaria para compensar las anomalías esqueléticas (disostosis múltiple) y favorece la salud respiratoria, un aspecto crítico en pacientes con Síndrome de Hurler que a menudo presentan obstrucción de la vía aérea.
Debido a que el Síndrome de Hurler a menudo implica inestabilidad atlantoaxial (en la base del cráneo), es imperativo realizar una evaluación neurológica antes de iniciar cualquier programa. Los deportes de contacto o aquellos que impliquen saltos, volteretas o impacto directo en la columna deben evitarse estrictamente para prevenir lesiones medulares graves.
La intensidad debe ser moderada y personalizada según la etapa de la enfermedad y el tratamiento (como la terapia de reemplazo enzimático). Se recomiendan actividades de bajo impacto que fomenten la amplitud de movimiento:
Aviso médico: Esta información tiene fines educativos y no sustituye el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional; consulte siempre a su especialista.