La lepra, también conocida como enfermedad de Hansen, es una infección crónica causada por la bacteria Mycobacterium leprae o, menos frecuentemente, por Mycobacterium lepromatosis. Se transmite principalmente a través de gotículas expulsadas por la nariz y la boca tras un contacto estrecho y prolongado con personas infectadas no tratadas, aunque no es una enfermedad altamente contagiosa.
La lepra no se transmite por contacto casual como dar la mano o compartir una comida. La transmisión ocurre mediante el contacto cercano y frecuente con secreciones de las vías respiratorias de pacientes con carga bacteriana alta que no han iniciado el tratamiento. Es fundamental entender que la gran mayoría de la población posee una resistencia natural frente a la lepra; se estima que el 95% de las personas son inmunes de forma innata a la bacteria.
La aparición de la lepra depende de la interacción entre la bacteria y la respuesta inmunológica del huésped. Los siguientes factores aumentan el riesgo de contraer la enfermedad:
Es un mito común que la lepra es hereditaria. La enfermedad no se transmite de padres a hijos a través de los genes. Aunque existe una predisposición genética que puede influir en la susceptibilidad del sistema inmunitario para combatir la bacteria, la lepra es estrictamente una enfermedad infecciosa bacteriana y no un trastorno genético hereditario.
Este contenido tiene fines informativos y no sustituye el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional.