La lepra, también conocida como enfermedad de Hansen, es una infección bacteriana crónica causada por Mycobacterium leprae que afecta principalmente la piel, los nervios periféricos, las mucosas de las vías respiratorias superiores y los ojos. Aunque ha sido estigmatizada históricamente, es una enfermedad curable con un tratamiento farmacológico adecuado si se detecta a tiempo, evitando así secuelas permanentes.
La lepra es causada por la bacteria Mycobacterium leprae, un bacilo de crecimiento muy lento. La transmisión de la lepra ocurre principalmente a través de gotículas expulsadas por la nariz o la boca durante el contacto estrecho y prolongado con personas infectadas que no reciben tratamiento. Es importante destacar que la gran mayoría de la población posee una inmunidad natural que impide el desarrollo de la enfermedad tras la exposición.
Los síntomas de la lepra suelen manifestarse de forma gradual y pueden tardar años en aparecer. Los signos más comunes incluyen:
El diagnóstico de la lepra se basa en la evaluación clínica, la búsqueda de lesiones cutáneas anestésicas y, en ocasiones, una biopsia de piel. El tratamiento estándar para la lepra es la poliquimioterapia (PQT), un régimen que combina varios antibióticos (dapsona, rifampicina y clofazimina) administrados durante un periodo de 6 a 12 meses, dependiendo de la clasificación clínica del paciente.
No, la lepra no es una enfermedad hereditaria; es estrictamente una infección bacteriana. El estigma social que rodea a la lepra a menudo confunde a la población, pero el componente genético no juega un papel en su transmisión, aunque se estudia si la susceptibilidad inmunológica individual puede influir en la progresión de la infección.
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