La práctica de ejercicio físico en personas con Enfermedad de Lyme es recomendable siempre que se adapte estrictamente a la fase de la enfermedad, los síntomas actuales y la tolerancia individual, evitando esfuerzos extenuantes durante periodos de fatiga extrema o brotes agudos.
La Enfermedad de Lyme a menudo provoca una astenia (fatiga crónica) profunda que limita la capacidad física. Es fundamental diferenciar entre la fatiga post-esfuerzo y el cansancio cotidiano. Si te encuentras en una etapa de tratamiento activo con antibióticos, tu cuerpo está utilizando una enorme cantidad de energía para combatir la infección por Borrelia burgdorferi. En estos momentos, el reposo es parte esencial de tu terapia. No fuerces tu sistema inmunitario si sientes dolor articular o muscular intenso, ya que esto podría empeorar la inflamación sistémica característica de la Enfermedad de Lyme.
Cuando los síntomas se estabilizan, se sugiere optar por actividades de bajo impacto que no sobrecarguen las articulaciones, especialmente si presentas artritis de Lyme. Las mejores opciones suelen incluir:
La frecuencia debe ser gradual, comenzando con sesiones cortas de 10 a 15 minutos, tres veces por semana. Si tras la actividad experimentas un incremento significativo del dolor o una debilidad extrema que persiste más de 24 horas, debes reducir la intensidad inmediatamente. Recuerda que, en la Enfermedad de Lyme, el progreso no es lineal; habrá días donde el ejercicio sea beneficioso y otros donde el descanso absoluto sea la mejor medicina para tu recuperación.
Descargo de responsabilidad: Esta información tiene fines educativos y no sustituye el consejo médico profesional. Consulte siempre con su especialista en enfermedades infecciosas o reumatólogo antes de iniciar cualquier programa de ejercicios, especialmente si presenta compromiso neurológico o cardíaco.