Me diagnosticaron EMPP hace diez años, a mis 49 años de edad. Luego del susto inicial, el enojo, la tristeza fui a EMA en Buenos Aires. Ahí me dieron tres datos importantísimos: 1: que podía seguir cuidando sola a mi hija de 9 años, 2: Que me podía jubilar por invalidez (soy maestra de plástica, y trabajaba en una escuela primaria) y 3: que podía vivir en cualquier lugar que tenga acceso a Neurólogo, medicación y kinesiología. Luego de esto y con el apoyo de mi familia, decidí trasladarme desde San Salvador de Jujuy en donde viví 7 años hacia Villa María, Córdoba, donde nací.
Pasaron diez años con mi eterna compañera, que poco a poco se ha ido colando en mi cuerpo. Hoy estoy en silla de ruedas y necesito ayuda para levantarme, acostarme y asearme.
Gracias a mi tesón y al deseo de ser independiente hasta el final, Hoy cuento con una persona que me ayuda en las tareas de la casa y dos enfermeras que vienen por la mañana y por la noche. Aclaro que no me sobra el dinero, todo fue conseguido a fuerza de empeño, me pagan subsidios por ellas.
Mi hija creció, creo que con la mayor felicidad posible, y el año pasado se fue a estudiar a la ciudad de Córdoba.
Mi familia se esfumó: mi papá, mi mamá y mi hermana mayor fallecieron.
Hoy vivo sola y MUY BIEN, con amigos solidarios y comprometidos formamos la asociación Villa María sin Bareras, que lucha por la accesibilidad y el transporte público adaptado en nuestra ciudad.
Para mi el mejor día es hoy, el ayer ya pasó y del futuro sabemos poco.
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