La práctica de ejercicio físico es altamente recomendable para las personas con Esclerosis Múltiple, ya que ayuda a mejorar la capacidad cardiovascular, la fuerza muscular, la movilidad y el bienestar emocional, siempre que se adapte a las capacidades individuales.
Históricamente, se aconsejaba el reposo a los pacientes con Esclerosis Múltiple; sin embargo, la evidencia clínica actual demuestra que el sedentarismo es mucho más perjudicial. El ejercicio regular ayuda a combatir la fatiga crónica, uno de los síntomas más debilitantes de la enfermedad, y mejora la neuroplasticidad, facilitando la adaptación del sistema nervioso central.
El tipo de ejercicio debe ser personalizado según el grado de discapacidad y los síntomas específicos, como la espasticidad o los problemas de equilibrio. Las actividades más recomendadas incluyen:
Se sugiere seguir las directrices de la Organización Mundial de la Salud, adaptadas a la fatiga propia de la Esclerosis Múltiple: al menos 150 minutos de actividad aeróbica moderada a la semana, divididos en sesiones cortas si es necesario para evitar el agotamiento excesivo. Es vital realizar descansos frecuentes, mantenerse hidratado y priorizar entornos frescos para prevenir el sobrecalentamiento. Escuchar a su cuerpo es fundamental; si siente un aumento inusual de la fatiga o debilidad tras el ejercicio, ajuste la intensidad en la siguiente sesión.
Descargo de responsabilidad: Esta información tiene fines educativos y no sustituye el consejo médico profesional. Consulte siempre con su neurólogo o un fisioterapeuta especializado antes de iniciar un nuevo programa de ejercicio para asegurar que sea seguro para su estado actual de Esclerosis Múltiple.