El tratamiento de la Encefalitis de Rasmussen se divide en dos fases: el control agudo de la inflamación mediante inmunoterapia y el tratamiento definitivo de las crisis epilépticas, que a menudo requiere intervención quirúrgica. Dado que la Encefalitis de Rasmussen es una enfermedad inflamatoria crónica y progresiva, el objetivo principal es preservar la función cognitiva y reducir la frecuencia de las convulsiones intratables.
El manejo inicial de la Encefalitis de Rasmussen busca frenar la respuesta autoinmune contra las neuronas. Se utilizan terapias inmunomoduladoras como corticosteroides, inmunoglobulina intravenosa (IGIV) o plasmaféresis. Aunque estos tratamientos pueden reducir temporalmente la inflamación y la frecuencia de las crisis, la experiencia clínica indica que raramente detienen la progresión a largo plazo de la Encefalitis de Rasmussen.
Debido a que la Encefalitis de Rasmussen causa una atrofia cerebral progresiva y convulsiones resistentes a fármacos antiepilépticos, la cirugía de desconexión funcional (como la hemisferectomía o hemisferotomía) suele ser la opción terapéutica más efectiva. Esta intervención busca eliminar el foco epiléptico, permitiendo que el paciente alcance la libertad de crisis, aunque el procedimiento puede dejar déficits motores o visuales permanentes que requieren rehabilitación intensiva.
Descargo de responsabilidad: Esta información tiene fines educativos y no sustituye el consejo médico profesional; siempre consulte a su equipo de especialistas para decisiones sobre su salud.