El Trastorno Reactivo del Apego se diagnostica exclusivamente a través de una evaluación clínica exhaustiva realizada por psiquiatras o psicólogos especializados en salud mental infantil, basada en los criterios del DSM-5. No existen pruebas de laboratorio ni biomarcadores para el Trastorno Reactivo del Apego; el diagnóstico depende de la observación directa del comportamiento del niño y de una historia clínica detallada que documente privación emocional grave o negligencia antes de los 5 años de edad.
Para diagnosticar el Trastorno Reactivo del Apego, el profesional debe confirmar un patrón constante de comportamiento inhibido y emocionalmente retraído hacia los cuidadores adultos. Esto se manifiesta cuando el niño rara vez busca consuelo cuando siente angustia o no responde al consuelo ofrecido. Además, debe haber existido una carencia de cuidados básicos, cambios frecuentes de cuidadores o entornos inusuales que limitan la formación de vínculos afectivos estables.
El diagnóstico del Trastorno Reactivo del Apego requiere una evaluación multidisciplinaria que incluye:
Es fundamental distinguir el Trastorno Reactivo del Apego de otras condiciones, como el Trastorno del Espectro Autista (TEA) o el Trastorno de Relación Social Desinhibida. Mientras que en el TEA existen deficiencias en la comunicación social, en el Trastorno Reactivo del Apego el síntoma central es la ausencia de búsqueda de consuelo derivada directamente de un historial de negligencia social. En DiseaseMaps.org, 8 miembros de nuestra comunidad comparten sus experiencias, subrayando la importancia de un diagnóstico preciso para acceder a intervenciones terapéuticas adecuadas.
Este contenido es meramente informativo y no sustituye el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional.