La fiebre reumática no es una enfermedad hereditaria en el sentido genético directo, sino una respuesta autoinmunitaria desencadenada por una infección previa de faringitis estreptocócica. Aunque la genética puede influir ligeramente en la susceptibilidad individual, la fiebre reumática depende fundamentalmente de la exposición a la bacteria Streptococcus pyogenes y de la respuesta del sistema inmunológico del paciente.
La fiebre reumática es una complicación inflamatoria que ocurre semanas después de una infección de garganta por estreptococos del grupo A que no fue tratada adecuadamente con antibióticos. El cuerpo, al intentar combatir la bacteria, desarrolla anticuerpos que, por error, atacan tejidos propios del corazón, articulaciones, cerebro o piel. Es una respuesta autoinmune específica, no una mutación genética heredada de los padres.
Aunque la fiebre reumática no se hereda, las investigaciones sugieren que ciertos factores genéticos pueden predisponer a algunas personas a reaccionar de manera más agresiva ante la bacteria. Sin embargo, esto no significa que si un padre tuvo fiebre reumática, sus hijos la desarrollarán obligatoriamente. La prevención se centra en el tratamiento antibiótico temprano de las infecciones estreptocócicas.
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